Las grandes cadenas de difusión tardan en apuntarse a las conspiranoias, pero al final sucumben casi siempre. El domingo el diario New York Times admitió las tesis que antes eran patrimonio de los conspiranoicos: Estados Unidos ha participado directamente en la Guerra de Ucrania en contra de Rusia y esa guerra se ha desenvuelto tanto en territorio ucraniano como en territorio ruso (*).
El título forma parte de la teoría de la conspiración (“La historia secreta de la guerra en Ucrania”) y relata la intervención militar como si hubiera encontrado un tesoro: la participación de Estados Unidos en la guerra es “mucho más amplia de lo que se pensaba anteriormente”.
¿De lo que pensaba quién? Evidentemente de lo que pensaban los lectores que se tragan las bobadas del periódico, que jamás informó de ninguna participación del ejército estadounidense en la guerra. Por eso dice que no sabía nada y que lo acaban de descubrir este fin de semana.
Es más, también acaba de descubrir que sus soldados han estado “involucrados en el asesinato de soldados (y civiles) rusos en el suelo ruso soberano”. Ha sido una guerra no declarada, no autorizada e ilegal contra Rusia.
Además del periódico, las declaraciones de los dirigentes europeos y estadounidenses durante los últimos tres años también han sido falsas. La Guerra de Ucrania nunca ha sido un choque entre Rusia y Ucrania exclusivamente.
Oficiales estadounidenses, algunos de los cuales estaban desplegados en Ucrania, seleccionaron objetivos a atacar y autorizaron ataques individuales, convirtiéndolos, de hecho, en combatientes.
A lo largo de la guerra, el gobierno de Biden ha violado sistemáticamente sus propias reglas sobre la dirección de los combates, llegando a autorizar ataques en territorio ruso, con armas estadounidenses y bajo órdenes de comandantes estadounidenses.
Los oficiales estadounidenses decidían qué tropas y objetivos civiles rusos serían atacados, y transmitían sus coordenadas al ejército ucraniano, luego autorizaban los ataques con armas proporcionadas por los países de la OTAN.
Los soldados estadounidenses y británicos fueron desplegados en Ucrania para dirigir personalmente las operaciones de combate. El ejército estadounidense ha planificado de todo, desde los movimientos de tropas estratégicos a gran escala hasta los ataques individuales de largo alcance.
“Oficiales estadounidenses y ucranianos han planificado las contraofensivas de Kiev”, dice el periódico. “Un amplio esfuerzo estadounidense de recopilación de inteligencia permitió orientar la estrategia general de combate y transmitir información de objetivos precisos a los soldados ucranianos sobre el terreno”. El centro de mando estadounidense de Wiesbaden, en Alemania, “supervisaba cada ataque de misiles de largo alcance HIMARS contra las tropas rusas”.
Los estadounidenses “examinaban las listas de objetivos de los ucranianos y los asesoraban sobre el posicionamiento de sus lanzadores y el momento de sus ataques”. La vigilancia era tan estricta que “los ucranianos debían usar únicamente las coordenadas proporcionadas por los estadounidenses”. Para disparar una ojiva, “los operadores de misiles HIMARS necesitaban una tarjeta electrónica especial, que los estadounidenses podían desactivar en cualquier momento”.
“Cada mañana, los oficiales estadounidenses y ucranianos fijaban las prioridades de selección de objetivos: unidades, equipos o infraestructuras rusas”. Los oficiales de inteligencia estadounidenses y de la OTAN estudiaban las imágenes satelitales, las emisiones de radio e interceptaban las comunicaciones para identificar las posiciones rusas. “La Fuerza de Combate Dragon comunicaba luego las coordenadas a los ucranianos para que pudieran atacarlas”.
Según los términos de un responsable de inteligencia europeo, el ejército estadounidense formaba parte de la “cadena de ataque”, es decir, tomaba las decisiones sobre las tropas e infraestructuras rusas a atacar.
Todo estuvo siempre en manos de los jefes militares de Estados Unidos
Entre los objetivos proporcionados por Estados Unidos a las tropas ucranianas figuraba el Moskva, buque insignia de la flota del Mar Negro, atacado y hundido el 14 de abril de 2022. Estados Unidos también proporcionó las coordenadas de un ataque de misiles de largo alcance contra el puente de Kerch, que conecta la Rusia continental con Crimea.
Incluso el New York Times cuenta cosas nuevas por primera vez, informaciones que no teníamos: el ataque ucraniano del año pasado contra el arsenal de Toropets, al oeste de Moscú, fue dirigido por la CIA. “Agentes de la CIA compartieron información sobre las municiones y las vulnerabilidades del depósito, así como sobre los sistemas de defensa rusos en ruta hacia Toropets”. Calculó el número de drones necesarios para la operación y cartografió sus trayectorias de vuelo tortuosas.
El New York Times escribe que “ataques de HIMARS que causaron al menos 100 muertos y heridos rusos ocurrieron casi todas las semanas”. El periódico también admite que un número no revelado de soldados estadounidenses en servicio activo fue desplegado en Ucrania. “En numerosas ocasiones, el gobierno de Biden autorizó operaciones encubiertas que anteriormente había prohibido”. Consejeros militares estadounidenses fueron enviados a Kiev y luego autorizados a acercarse a los combates.
Por su parte, el ejército británico “desplegó pequeños equipos de oficiales en el país después de la invasión [rusa]”. El artículo abunda en detalles sobre los conflictos entre responsables estadounidenses y ucranianos, y dentro del propio ejército estadounidense, respecto a la dirección de la guerra.
En ellos destaca la presión constante ejercida por Estados Unidos sobre Ucrania para que movilice a la población de manera masiva y, en particular, cada vez más joven para ser usada como carne de cañón en una guerra que sólo interesa a Estados Unidos y a sus socios de la OTAN.
El artículo relata el llamamiento del general Christopher Cavoli, entonces comandante supremo de las fuerzas aliadas de la OTAN en Europa, a “involucrar a los jóvenes de 18 años”. También destaca las presiones del secretario de Defensa Lloyd Austin contra Zelensky para que tome “una decisión más audaz y comience a reclutar a jóvenes de 18 años”.
¡No era propaganda prorrusa!
La participación directa de Estados Unidos y la OTAN en la Guerra de Ucrania siempre fue considerada como propaganda prorrusa y una teoría de la conspiración. Las declaraciones oficiales siempre negaron tal cosa, haciéndose los enfadados.
¿Por qué el New York Times rompe ahora su silencio? ¿Por qué un diario incondicional de Biden y del partido demócrata revela hoy las mentiras del anterior Presidente? ¿Por qué destapa sus propias mentiras, que ha alimentado sin pestanear durante tres años?
La explicación es que Rusia ha ganado la guerra y con la derrota del otro bando han caído sus máscaras, sus fraudes y sus engaños. Para acabar con la propaganda de guerra hay que acabar con la guerra.
El 20 de marzo de 2022 el New York Times decía: “Usando un diluvio de mentiras, cada vez más extravagantes, el presidente Vladimir Putin ha creado una realidad alternativa, en la cual Rusia está en guerra, no contra Ucrania, sino contra un enemigo occidental, más grande y más pernicioso”.
Ahora queda claro quién es el que mentía y ahora se hace el tonto diciendo que ha descubierto el cofre del tesoro.
(*) https://www.nytimes.com/2025/03/29/world/europe/us-ukraine-military-war